Lo extraordinario en lo ordinario de Obregón.

20046224_10155795497705579_2047318646_n

Los días en Obregón pasan rapidísimo. Tan rápido, que me cuesta poner en orden las ideas. Voy, vengo, me encierro y salgo por la ciudad más de lo que pensaba que iba a salir, me reencuentro, me encuentro, charlo, me reúno, escribo, visito amigos y paso tiempo con la familia. Me pongo al día de todo lo que pasó y no pasó mientras yo no estaba. Observo, observo y observo más de lo costumbre la calle, me sorprendo, comparo y me detengo.

19866354_10155785333760579_1081498314_n

Me detengo. En donde la vida misma ocurre. Un Obregón con historias que contar a puertas adentro. Atardeceres y cielos como un aplauso a la cotidianidad.

-[Increíblemente estoy aprendiendo mucho en esta pausa de aviones y aeropuertos]-

Regresé a la calma. Regresé al saber estar, saber vivir y saber esperar.

Regresé al sentimiento de ser un local.

Regresé a la rutina no tan rutinaria y a retomar el arte de conjugar en verbo presente, absteniéndome del porvenir.

SonoraEsto me hace pensar, que cuando viajo utilizo ciertos sentidos y cuando estoy de vuelta utilizo otros.  Tal vez podría decir que hasta un poco “curiosa” me encuentro ahora que estoy aquí. Tomo el camión, camino cuando no debería bajo una ola de calor de 40°C; escuchó conversaciones en las zonas urbanas y hasta reconozco a los personajes “clásicos” de la ciudad usando de pretexto a mi perra para pasear por los parques. Encontrando lo extraordinario en lo ordinario de mi propia ciudad.

Tal vez no es la más bonita, ni la más Cosmopolitan o moderna ciudad que tiene México. Pero tiene corazón. Un corazón con sol, campo, calor y mucha cerveza fría. Un corazón con artistas emergentes. Un corazón con camino al crecimiento.

Una ciudad que no tendrá el listado de las cosas más importantes por ver.  Como si todos los lugares tuvieran que ser productivos o como si ver “lo que hay que ver” fuera el viaje ideal. Tal vez el viaje ideal es más simple y austero de lo que uno piensa.

19964949_10155788728595579_189558109_n

La nostalgía invandiendo y el dilema de siempre: Me cuesta dejarte Obregón, pero también me cuesta quedarme. Hay algo de ella que me tira y a la vez me expulsa.

Para mí, Obregón es un elogio a la lentitud. Encontrando un detalle cotidiano que marca la diferencia.  Ir hacia lo sencillo. Ir hacia la calma. Ganar tiempo, recordar que un día si tiene 24 horas aunque a veces no la parezca.

Eso es Obregón. Un camino rutinario donde encuentras lo que no perdiste.

La Chiquitita.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s