Encontrando la paz dentro del caos

LibroMariana

Entiendo que soy zurda, y complicada de que me tomen de la mano. De pequeña decían que era autista, y después pase a ser una bomba de energía extrovertida. 

Aquellos días oscuros de mi vida, salían a la luz todas mis inseguridades, todos mis prejuicios, todas esas fallas que podía ver reflejado día con día en mi vida. Esa Mariana controladora de todo, esa Mariana de baja autoestima, esa Mariana de luz apagada, incapaz de aceptar su realidad, incapaz de aceptar el simple hecho que alguien la pudiera querer tanto como ella imaginaba. Incapaz de fluir. 

Esa Mariana que prefería disfrazar su verdad escapando, utilizando todos los medios para tapar su esencia, para verse incompetente ante un trabajo, renegada para sumergirse en un abismo autónomamente creado. Una Mariana nostálgica, en crisis, descapitalizada y con dermatitis. 

¿Saben cuando tocas fondo? Pues toque el primer fondo de mi vida (Mariana no está tomando, se está haciendo P… , fondo, fondo, fondo) Ya pues ese no. 

Pero gracias a este fondo, pude encontrar la paz dentro del caos. De mi propio caos. Gracias, porque estas letras me hacen reconciliarme conmigo misma. Con las dos versiones de mí. Que por alguna extraña razón me di cuenta que estaban peleadas. Que una con la otra no estaba aceptando sus ideas. Que la Mariana viajera no quería aceptar a la Montserrat conservadora. 

¿Porque no aceptar a las dos por igual? ¿Porque no unirlas y hacer algo increíble con ellas? Hasta que otra persona te lo dice, te lo muestra en un esquema práctico. Es cuando mi cabeza hace “Pum” y recapacitó. 

Recapacite y acepte todas mis inseguridades, acepté que era una mujer que deseaba que la abrazaran muy fuerte,  pero no iba admitirlo. Acepté con el paso del tiempo, me volví adicta a mi soledad, el sentimiento de estar sola, de no contar con esa otra parte, para simplemente platicarle lo más estúpido que pasaba en mi día, se volvió una costumbre, se volvió normal. Recuerdo que alejaba a los hombres de mí, les ponía una barrera, y yo, yo simplemente huía de ellos. 

Me sentía en pausa, a pesar de estar haciendo muchas cosas, a pesar de estar viajando alrededor del mundo, a pesar de tener un trabajo de ensueño, conocer muchísima gente y estar en situaciones impensables. Me sentía en pausa. Sabía que esto era un capítulo, sabía que esto no era el punto del clímax el cual quería estar para siempre.

Pero luego llega la edad que tus amigas comienzan a casarse, que ves a tu generación estar con parejas de años, estables. “Haciendo lo que toca”. Y es ahí, es ahí cuando la bomba explotó. Un regresar a México, un cuestionamiento interminable, una presión social, y comentarios desalentadores. Me llegué a plantear que todo lo había hecho mal. Que estaba equivocada, que perdí mi tiempo. Que en este momento ya estuviera casada, con un hogar, y tal vez hasta hijos. Pero, ¿En realidad eso quiero? ¿En realidad es ese MI momento? ¿En realidad el tiempo tiene que llevarnos por igual a todos? 

No, claro que no. No cambiaría absolutamente nada de mi vida. De mi tormenta de altibajos, de mi itinerante ser, de combinar todo y hacer una vida a mi medida, no a la medida de los demás. Al fin lo entendí, al fin lo comprendí. Y me divierto más así. 

Viajé, besé, me pusieron los cuernos, también lo puse yo, me sentí horriblemente sola, y entendí que las amigas, la familia y mi madre, son el consuelo más grande que podemos tener. Que en realidad tenemos tesoros en nuestras vidas, que somos estúpidos, y no vemos lo que tenemos enfrente. Aprendí a valorar el sentido de la amistad, y con mucho orgullo digo, que yo no cuento con una mano a mis verdaderos amigos. Yo necesito más de dos manos para eso. 

Entendí que siempre, aunque encuentre el amor, sea fugaz, sea a distancia, o sea para toda la vida. Una necesita tiempo para estar sola, para entenderse, para escucharse o escuchar a todas esas Marianas y Monterrats que están dentro de mí. Porque con pareja o sin pareja, primero estamos nosotros. 

Y lo repito, no cambiaría pero en ninguna medida mis días. Me encantan, así de intensos, dramáticos, amorosos, locos, bizarros, nómadas, sociales, autistas, alegres, tristes, nostálgicos. Amo cada uno de mis días, y lo que me alegra aún más, no es lo que dejó atrás, si no lo que viene por delante.

 

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